Nuestra Fe

¿QUÉ CREEMOS Y CONFESAMOS?

1.- Confesamos que los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento son la Palabra inspirada por Dios, que contiene todas las cosas necesarias para la salvación, y estas Sagradas Escrituras son la autoridad final y la norma inmutable de la fe y la vida cristiana.​

2.- Confesamos el Bautismo y la Cena del Señor, como sacramentos ordenados por Cristo mismo en el Evangelio, y así ser administrados con el uso indefectible de sus palabras de la institución y de los elementos ordenados por él.

3.- Confesamos el episcopado histórico piadoso como parte inherente de la fe apostólica y la práctica, y por lo tanto, como parte integral de la plenitud y la unidad del Cuerpo de Cristo.

4.- Confesamos la fe histórica de la Iglesia indivisa que se encuentra declarada en los tres Credos, El Creo de los Apóstoles, el Niceno y de Atanasio.

5.- En cuanto a los siete Concilios de la Iglesia indivisa, afirmamos la enseñanza de los primeros cuatro concilios y las aclaraciones cristológicas de los Concilios quinto, sexto y séptimo, en la medida en que están de acuerdo con las Sagradas Escrituras.

6.- Nosotros recibimos el Libro de Oración Común, como un estándar para la doctrina, la disciplina y la tradición anglicana de culto.

7.- Recibimos los Treinta y Nueve Artículos de Religión de 1571, tomadas en sus sentidos literales y gramaticales, como expresión de la respuesta anglicana a cuestiones doctrinales controversiales y como expresión de los principios fundamentales del Anglicanismo.

Ser entonces Episcopal, no significa abrazar "otra fe", sino "Volver a la fe y forma original de la Iglesia que Cristo fundó con su Poder"

                                                              LOS 3 CREDOS
CREDO DE LOS APOSTOLES
Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.  Nació de María virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, y al tercer día resucitó de entre los muertos.  Subió a los cielos; y ahora, está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.  
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica (Universal), la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna. Amén.


CREDO NICENO-CONSTANTINOPOLITANO

Creemos en un solo Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y la tierra, de todo lo visible
y lo invisible;  
Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, engendrado del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, verdadero Dios de verdadero Dios, engendrado no creado.  De la misma substancia con el Padre y por quien todo fue hecho: el cual por nosotros y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María virgen, se hizo hombre, y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras.  Subió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios Padre. De nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos; su reino no tendrá fin.  Y creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre (y del Hijo * )  que con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y glorificado, que habló por los profetas.  Creemos en una Iglesia, santa, universal y apostólica.  Confesamos un solo bautismo, para el perdón de los pecados. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero

            (Amen.* Nota: Las palabras "y del Hijo" (filioque en latín) son una inserción posterior por parte de la Iglesia del Occidente y no forman parte del texto original. Se pueden omitir en situaciones en que su uso ocasionara conflicto)

QUINCUNQUE VULT - comúnmente llamado - CREDO ATANASIANO

Todo el que quiera salvarse, debe ante todo mantener la Fe Católica (Universal).
El que no guardarse esa Fe íntegra y pura, sin duda perecerá eternamente.
Y la Fe Católica es está: que adoramos un solo Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad, sin confundir las Personas, ni dividir la Substancia; porque una es la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; mas la Divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es toda una, igual la Gloria, coeterna la Majestad.  Así como es el Padre, así el Hijo, así el Espíritu. Increado es el Padre, increado es el Hijo, increado el Espíritu Santo. Incomprensible es el Padre, incomprensible es el Hijo, incomprensible es el Espíritu Santo.  Eterno es el Padre, eterno es el Hijo, eterno es el Espíritu Santo. Y sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno; como también no son tres incomprensibles, ni tres increados, sino un solo increado y un solo incomprensible. Asimismo, omnipotente es el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo. Y sin embargo, no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente.  Asimismo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios.  Y sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios.  Así también, Señor es el Padre, Señor el Hijo, Señor el Espíritu Santo.  Y sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor;  Porque así como la verdad cristiana nos obliga a reconocer que cada una de las Personas de por sí es Dios y Señor.  Así la Religión (Universal) Católica, nos prohíbe decir que hay tres Dioses o tres Señores.  El Padre por nadie es hecho, ni creado, ni engendrado.  El Hijo es sólo del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado.  El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente.  Hay, pues, un Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos.  Y en esta Trinidad nadie es primero ni postrero, nadie mayor ni menor;  Sino que todas las tres Personas son coeternas juntamente y co iguales.  De manera que en todo, como queda dicho, se ha de adorar la Unidad en Trinidad, y la Trinidad en Unidad.  Por tanto, el que quiera salvarse debe pensar así de la Trinidad.  Además, es necesario para la salvación eterna que también crea correctamente en la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo.  Porque la Fe verdadera, que creemos y confesamos, es que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre; Dios, de la Substancia del Padre, engendrado antes de todos los siglos; y Hombre, de la Substancia de su Madre, nacido en el mundo;  Perfecto Dios y perfecto Hombre, subsistente de alma racional y de carne humana; igual al Padre, según su Divinidad; inferior al Padre, según su Humanidad.  Quien, aunque sea Dios y Hombre, sin embargo, no es dos, sino un solo Cristo;  Uno, no por conversión de la Divinidad en carne, sino por la asunción de la Humanidad en Dios;  Uno totalmente, no por confusión de Substancia, sino por unidad de Persona.  Pues como el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y Hombre es un solo Cristo;  El que padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos.  Subió a los cielos, está sentado a la diestra del Padre, Dios todopoderoso, de donde ha de venir a juzgar a vivos y muertos.  A cuya venida todos los hombres resucitarán con sus cuerpos y darán cuenta de sus propias obras.  Y los que hubieren obrado bien irán a la vida eterna; y los que hubieren obrado mal, al fuego eterno.  Esta es la Fe Católica, y quien no la crea fielmente no puede salvarse.

                               
ADHERIMOS A ESTOS CUATRO PRINCIPIOS

Cuadrilátero Chicago-Lambeth 1886,1888


Iglesia Episcopal de los Estados Unidos
Transcripción del Extracto del Texto en Español
Chicago 1886


Nosotros, Obispos de la Iglesia Episcopal Protestante de los Estados Unidos de América, reunidos en Concilio, como Obispos en la Iglesia de Dios, por este medio declaramos solemnemente a todos los que concierna, y especialmente a nuestros hermanos cristianos de las distintas Comuniones en esta nación, quienes, en sus diversas esferas, han luchado por la religión de Cristo:

1. Nuestro ferviente deseo de que la oración del Salvador: "Que todos sean uno", en su sentido más profundo y verdadero, se cumpla apresuradamente;

2. Que creemos que todos los que han sido debidamente bautizados con agua, en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, son miembros de la Santa Iglesia Católica;

3. Que en todas las cosas de orden o elección humana, en relación a las formas de culto y disciplina, o a las costumbres tradicionales, esta Iglesia está dispuesta a renunciar, con espíritu de amor y humildad, a todas sus propias preferencias;

4. Que esta Iglesia no busca absorber a otras Comuniones sino, cooperando con ellas sobre la base de una Fe y Orden común, desaprobar todo cisma, sanar las heridas del cuerpo de Cristo y promover la caridad, que es la mayor de las gracias cristianas y la manifestación visible de Cristo al mundo; Pero además, por este medio afirmamos que la unidad cristiana puede restaurarse únicamente con el regreso de todas las comuniones cristianas a los principios de unidad ejemplificados por la Iglesia Católica indivisa durante las primeras épocas de su existencia; principios que creemos constituyen el depósito substancial de Fe y Orden cristiano confiado por Cristo y sus apóstoles a la Iglesia hasta el fin del mundo y, por lo tanto, no admite compromiso ni capitulación por aquéllos que han sido ordenados para ser mayordomos y depositarios a beneficio común e igual de todos los hombres. 

Como partes inherentes de este sagrado depósito y por consiguiente, esenciales para la restauración de la unidad entre las ramas divididas de la cristiandad, reconocemos las siguientes:

1. Las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento, como la Palabra revelada de Dios.

2. El Credo Niceno, como la declaración suficiente de la Fe cristiana.

3. Los dos sacramentos -el Bautismo y la Cena del Señor - administrados con el uso indefectible de las palabras de institución de Cristo y los elementos ordenados por él.

4. El Episcopado Histórico, adaptado localmente en los métodos de su administración a las diversas necesidades de las naciones y pueblos llamados por Dios a la unidad de su Iglesia.


La Iglesia de Inglaterra

Conferencia de Lambeth de 1888

Resolución II
Que, en la opinión de esta Conferencia, los siguientes artículos proporcionan una base sobre la cual acercarse, con la bendición de Dios, a la Unidad Cristiana:

(a) Las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento, que "contienen todas las cosas necesarias para la salvación", como la regla y última norma de Fe.

(b) El Credo de los Apóstoles, como símbolo Bautismal, y el Credo Niceno, como declaración suficiente de la Fe cristiana.

(c) Los dos sacramentos ordenados por Cristo mismo -el Bautismo y la Cena del Señor - administrados con el uso indefectible de las palabras de institución de Cristo y los elementos ordenados por él.

(d) El Episcopado Histórico, adaptado localmente en los métodos de su administración a las diversas necesidades de las naciones y pueblos llamados por Dios a la unidad de su Iglesia.

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